
Heidy Pino es la primera mujer presidenta del Grupo Social Cesap, y una referencia en el trabajo comunitario en Venezuela, y muy especialmente en el estado Zulia.
Hoy, todavía vigente y activa, repasa los momentos de su carrera en Cesap y en la Asociación Civil Nuevo Amanecer, y las claves del trabajo con las comunidades indígenas en un estado tan complejo como el occidental.
¿Qué significó ser la primera mujer presidenta de Cesap en Venezuela?
La verdad, en su momento, no me detuve a reflexionar sobre ese hecho, y cómo podría impactar en un contexto en el que las mujeres aún siguen luchando por igualdad de condiciones. Para mí, la relevancia del cargo la daba el hecho de que yo procedía de una región.
Cesap nació en la capital, y a medida que la labor se fue expandiendo a otros estados, se fueron incorporando nuevos liderazgos a la organización, que ya nació con alta participación de mujeres que, además, asumían para ese momento responsabilidades importantes.
Me tocó pasar de promotora a responsable de proyecto, luego ser coordinadora ejecutiva y de allí a presidenta de la A.C Nuevo Amanecer y dar el paso de dirigir el Grupo Social Cesap en 2006, pero lo veo como una consecuencia del momento histórico en que estaba la organización y el desempeño de Nuevo Amanecer en esa etapa.
Asumí esa responsabilidad después de líderes como el visionario padre Armando Janssens y de Santiago Martínez.
En tu experiencia en el liderazgo de Cesap, ¿cuáles fueron las experiencias de trabajo más significativas que tuvo Cesap desde su asociada Nuevo Amanecer con comunidades indígenas?
Nuevo Amanecer nace como oficina regional de Cesap, y en su historia está el trabajo con los indígenas y en sus comunidades, en un estado como el Zulia en el que en los municipios con más población, como Maracaibo y San Francisco, tienen gran presencia indígena en cada comunidad de los sectores populares. Desde el principio, es una población que ha respondido a la convocatoria de Nuevo Amanecer.
Llegué como promotora de salud comunitaria, y entre las primeras comunidades en las que me tocó trabajar estaba la Laguna de Sinamaica en el municipio Guajira, que estaba saliendo de una feroz epidemia de cólera; y una comunidad Añú completamente integrada con su laguna.
Con el tiempo, hemos trabajado prácticamente con todas las comunidades indígenas del Zulia, en ocasiones, en compañía de otras organizaciones, como el departamento Socioantropológico de la Dirección de Cultura de LUZ y otras ONGs, y todas han sido experiencias muy significativas.
¿Cuáles son los factores claves para lograr un relacionamiento efectivo entre una ONG, la comunidad y las organizaciones que pueden ser donantes?
Los factores claves para el relacionamiento efectivo parten, en primer lugar, de la trayectoria impecable de la A.C. Nuevo Amanecer y su aporte de herramientas al liderazgo indígena para que asuma las riendas del desarrollo de sus comunidades y el cumplimiento de objetivos.
Cada proyecto va acompañado de interacción comunitaria y capacitación, a la par de la inversión social, con transparencia y rendición de cuentas tanto para el donante como para la comunidad. Eso es lo que construye las relaciones de largo plazo.
– ¿Qué capacidades desarrolló Nuevo Amanecer en el trabajo con comunidades indígenas?
Entre las capacidades que desarrolló Nuevo Amanecer trabajando con comunidades indígenas destaco el diálogo, en especial, el diálogo de saberes, fundamental en la interacción comunitaria.
Al trabajar con las etnias es obligante conocer y apropiarse de las principales características de su cultura para que el respeto pueda prevalecer.
– ¿Qué te deja como experiencia el trabajo con las culturas ancestrales?
Desde mi primer contacto con los Añú en la Laguna de Sinamaica y con los wayúu en el barrio Catatumbo se estableció una relación bidireccional de respeto, basado en lo que significaba la presencia de la organización en esas comunidades, y dejar capacidades instaladas para mejorar su calidad de vida.
Para mí, cada viaje a la Laguna de Sinamaica era entrar en una combinación de disfrute, compromiso, encantamiento con el paisaje, las personas con las que interactuaba, su bondad, su paciencia en la espera de respuestas institucionales, su resiliencia. Tienen un lugar muy especial en mi corazón.