
Hoy, 9 de septiembre de 2026, en el aniversario de la partida de este plano de nuestra querida Marjorie Hernández, publicamos esta entrevista hecha por María Fernanda Mujica Ricardo y publicada en “JUNTOS”, en Septiembre / Octubre de 1990.
En 2010 nos dejó una gran cesapiana, fundadora, esposa y compañera de vida de Patricio Pauwels y madre de Samuel y Javier.
Una mujer fuera de lo común, comprometida hasta los tuétanos y fiel a principios y afectos. Su legado es tan variado como el de cada una de las personas que tuvieron la fortuna de compartir su vivir.
Mi trabajo es mi vida
Si Marjorie Hernández se hubiera dedicado a ser una bailarina, estamos seguros que el trabajo popular hubiera perdido uno de sus grandes caballitos de batalla. Porque ella, pequeña físicamente pero grande en ideales, ha estado involucrada en la acción popular desde que pisó la edad de la adolescencia.
En esta Venezuela, «un gran país», en el cual pareciera ser que el único valor es el afán lucrativo, existen seres como esta mujer, que al paso del tiempo ha cambiado con las circunstancias la forma de lucha, pero siempre su objetivo ha sido la formación de las clases populares con la idea de organizarse y crear conciencia para lograr un bienestar en el que todos seamos participativos.
LA TEMPRANA VOCACIÓN
Marjorie nació en Santa Teresa del Tuy, forma parte de una familia de cinco hermanos. Habla con mucho afecto de su padre. Él le inculcó que lo más importante es ser uno mismo y el valor que siempre presenció en su hogar fue la responsabilidad.
«Mi vocación hacia el trabajo popular me nació cuando hice la Primera Comunión -tenía once años. En los cursos conocí a gente comprometida con los demás. La reflexión que hacíamos era que ser cristiano es compartir, comprometerse y no ser egoísta».
Marjorie, al correr de los años ha seguido predicando estos postulados, sin que suene a pose ni ser místico.
Más bien cuando se la conoce se piensa que es una mujer muy seria y rígi-da, pero con el tiempo y en la intimidad de amigos, sale a relucir una mujer fiestera y simpática, quien ama al trabajo, al hogar, a su esposo -un belga enamorado de ella, de este país y del trabajo popular, a sus dos bellos hijos varones y a sus matas -que deben ser muchas y frondosas por su empeño en lo colectivo. Su papá le decía: «mi-ja, si hasta carita de monja tienes».
Quizás lo que el viejo le quería decir es que con esa carita podía llegar bien lejos, pues un rostro angelical mueve más que caras duras y de mal talante.
Su primera EXPERIENCIA
En 1967, año del terrible terremoto de Caracas, Marjorie incursionó en su primer trabajo colectivo con grupos juveniles en su lugar de origen. Esta primera pasantía la llevó a optar por estudiar Trabajo Social en la Universidad Central de Venezuela.
Me tocó estudiar en plena época de la Renovación. Los semestres se nos hacían muy largos y la Escuela -en esa época- era un poco incipiente. Los casos que estudiábamos eran relacionados con la realidad francesa e inglesa. Aprendía yo más en la calle, y en el trabajo.
Supe de un curso para capacitar a Promotores Sociales que organizaba el CIADEP en Jusepín-Maturín, al hacerlo, nunca más regresé al aula universitaria.
-¿Formaste parte activa en algún partido político?
Realmente no. Pero sí tuve mucha relación con luchadores de base que militaban en partidos políticos. La mayoría de ellos, no le veían sentido al trabajo de formación sin la aspiración del poder.
-¿Por qué muchos se inician con gran fuerza en el trabajo popular y después tiran la toalla?
Los jóvenes maduran y pasan a tener otras responsabilidades. Este trabajo de formación para la comunidad exige mucha paciencia. Se empieza y nunca se termina. Formas a un grupo, de esos continúan unos pocos pero uno sigue batallando porque la formación y la organización es necesaria en cualquier momento histórico.
– ¿Cómo te defines?
– Como una educadora popular. Creo firmemente en la formación y en el fortalecimiento de las organizaciones de base.
Y por eso, ella piensa que la transformación y los cambios en este país se producirán en la medida que el pueblo sepa organizarse con el fin de lograr hechos positivos para sus comunidades: educación, salud, derechos respetados y conquistados a través de los deberes cotidianos.
«Debemos ser sujetos de nuestro propio futuro». El pueblo vive y padece la realidad que nos rodea pero sólo son los partidos políticos y el gobierno los que detectan el poder y los que deciden el presente y el futuro. Pero ante todo, sí creo que hay cierto desarrollo de organización que se vislumbra con la posibilidad de incidir en este proceso.
LOGROS Y FRUSTRACIONES
¿Logros? Marjorie se queda meditabunda. La entrevista se realiza en un clima un poco tenso, es una compañera de trabajo la que entrevista y la periodista siente una gran responsabilidad en escribir sobre una persona tan querida en el Cesap.
Por allí pasa, Diana Vegas, la Coordinadora del Programa de Mujeres y dice: «multiplica por dos todo lo que te dice sobre ella». Y como que es verdad pues desde la creación del Cesap, en 1974, ha -ocupado cargos de gran responsabilidad.
Fue Directora del Centro de Formación de Pozo de Rosas por dos años. Coordinadora del Programa de Mujeres por el mismo lapso. Coordinadora General del Cesap por el mismo tiempo. Coordinadora del Sector Regiones por siete años y ahora se desempeña como Coordinadora de los Servicios Nacionales del Centro.
-Mi mayor logro ha sido mi propio desarrollo. La lucha es constante y lo vital es creer en uno mismo. Ha sido duro. A veces se sacrifican gustos y momentos por este trabajo, pero «esta labor es mi vida. Siempre pienso que se puede hacer a pesar de todo lo adverso.
– ¿Entonces como que tu papá tenía razón con eso de la carita de monja?
Marjorie se ríe. No, así no es.
En poco tiempo en Cesap, también la hemos visto llorar o ponerse muy brava cuando se emociona en plenas discusiones de trabajo.
«Es que es difícil lograr el consenso. Este no se puede decretar, es como la pareja, hay que trabajarla a diario».
Y nos imaginamos que para Marjorie será difícil, a veces, marcar la línea fronteriza entre hogar y trabajo pues marido y mujer trabajan en lo mismo. Los hijos, a veces les dicen: «Ustedes trabajan mucho pero ganan muy poco. Y así será Samuel y Javier pues sus padres no hacen negocio, ni lo desean con casos como Recadi, bonos de exportación, etc., etc….
Eso de lo participativo es fuerte: hay que pelear por las ideas, hoy ganamos y mañana nos derrotan. ¿Serán estas las frustraciones?
– Lo más difícil es que uno se da cuenta que las transformaciones son lentas y aún no se han hecho realidad. Siempre me creo posibilidades para no bloquearme y para no producir energía negativa cuando existe el desánimo. Cuando escogí esta vía -casi veinte años- sabía que la realización personal se logra con la fuerza de lo colectivo.
– Entonces, ¿sí eres cristiana y si cumples ese compromiso que hiciste en tu comunión?
– Claro que mi inspiración cristiana ha tenido incidencia. Pero lo primero es la gente y lo que da fuerza a mi trabajo es mi compromiso, aún en las mayores dificultades.
Lo que admiro en Cesap como institución es que se ha mantenido durante diecisiete años, haya crecido y se mantenga con sus principios. Vivimos una situación adversa, no sólo en lo económico sino en la pérdida de valores. Por lo tanto hay que seguir respaldando nuestros ideales y creo firmemente en nuestro trabajo organizativo. Si soy útil y lo somos, podemos cambiar al mundo. Podría resumir nuestro trabajo en “transmitir la participación y la opinión de los demás»
Lástima que Marjorie no toque la guitarra como ella siempre ha querido, estamos seguros que transmitiría la participación a través de la música y en Cesap se hubieran quedado sin ese motorcito de trabajo de hormiguita que sólo puede hacerlo quien cree firmemente en sus ideales.