MARVIN RECINOS | AFP

La lucha por la vida es dura pero también apasionante, pues “quien cree que va a dar, termina recibiendo mucho de Dios”. Lo afirma la directora del CESAP al contar cómo esa organización tuvo que adaptarse en Venezuela a los particulares tiempos del país

Carlos Zapata | Aleteia | Jun 21, 2019

Venezuela pasa por la peor crisis de su historia. Pero en la nación sudamericana abundan también de forma excepcionalmente generosa la solidaridad y el voluntariado. En medio, miles de manos se unen para salvar vidas, acompañar a llorar o también a reír.Bajo este enfoque y comprometido con la acción popular, el grupo social CESAP es una organización que promueve la construcción de una sociedad “incluyente, justa y con equidad” empoderando a las comunidades como actores y autores de su transformación social.

Pero no duele igual cuando las cifras, más que números, son seres de carne y hueso con nombre y apellido. Lo admite Diana Vegas, la socióloga que está al frente de la organización, quien se quedó en silencio cuando Aleteia le preguntó ¿qué le ha conmovido más en Venezuela?

“Para nosotros fue muy conmovedor lo que ocurrió cuando estábamos aprendiendo a colaborar con la talla y peso de los niños. Es un complejo trabajo, aunque muchos lo ven sólo en forma de estadísticas cuando salen las cifras”.

“Además de haber toda una técnica detrás, nosotros llevamos a cabo la formación para que sean las personas de las comunidades quienes aprendan a realizar este proceso, y así poder llevar a cabo un seguimiento y la atención correspondiente” de los infantes.

“En este proceso, “en una de esas casas pobres, en Chapellín, nos tocó recibir a una mujer joven -de unos 18 años- que estaba en desnutrición, embarazada. Ella tuvo a su niño, pero al cabo de un mes el bebé estaba más desnutrido que cuando nació”.

“A pesar de que hicimos todo lo que nos fue posible, esa mamá murió… Y lo recuerdo con mucho dolor, porque fue la primera vez que a nosotros se nos moría alguien por desnutrición, de quien realmente sabíamos todo; más allá de su nombre y su apellido…”.

“La habíamos tocado, la acompañamos. Sabíamos quién era y dónde vivía. Habíamos visitado su casa. Y no pudimos hacer más. ¡Simplemente, murió!”.

– En otra época también ayudaron a superar la desnutrición…

Sí. En los años 90, durante varios años estuvimos trabajando en la lucha contra la desnutrición. Ahora apoyamos también a Cáritas (la organización de acción social de la Iglesia Católica).

En esa época hacíamos la medición de los niños con las pesas utilizadas para las frutas y verduras, porque no había otros pesos. Y porque además tenían unas mallas que resultaban bastante adecuadas.

También se hacían meriendas comunitarias para contribuir con la mejora de su alimentación.

– ¿Qué los une a otros entes de acción similar?

Somos una organización de inspiración cristiana y nos conseguimos en la calle con otros defensores de la vida. Estamos hermanados por la acción. Le damos gracias a Dios por eso.

– ¿Qué ha sido lo más difícil para el Cesap en su labor actual debido a la crisis?

Migrar… Pasar de un área de formación, a una totalmente asistencial.

Siquiera pensar en ello era antes un pecado. Y todavía hoy muchos no quieren formar parte de los programas asistenciales, porque generan una fuerte dependencia; y eso es algo difícil de manejar. Todas esas cosas nos preocupan.

El gran desafío es atender sin que esto acabe por profundizar aún más el problema. Porque la gente se pone en manos tuyas y dice: ¡Sálvame, resuélveme, aliméntame! Es un tema sumamente complejo.

Lo otro es que para verdaderamente ayudar tienes que desprenderte de prejuicios, ideologías y colores. Así como nos tocó trabajar con iniciativas gubernamentales en el pasado, como ocurrió con los “multihogares”. Algo que no todo el mundo acepta y comprende.

Pero siempre surgen barreras institucionales, por lo que las creencias se tienen muchas veces que poner en remojo. Si queremos impulsar el desarrollo y lograr acciones que tengan alto impacto, tenemos en algunas ocasiones que hacerlas con el entes gubernamentales, como ocurrió en el pasado.

– ¿Trabajan sólo con mujeres?

No. Trabajamos con religiosas y religiosos. Pero es verdad que en lo operativo, en la atención directa, las que mejor funcionan por ahora son las damas. Pareciera que a ellas siempre les rinde más la plata, la comida. ¡Es una bendición!

– ¿Se consiguen en el trabajo operativo diario con otras organizaciones que están ayudando en lo mismo?

Sí, porque somos una organización de inspiración cristiana. Nos conseguimos en la calle con otras, ¡claro que sí!

Estamos hermanados por la acción y por el deseo común de salvar vidas, empoderando a la gente.

– ¿Alguna “buena cosecha” derivada de la crisis?

Habíamos trabajado en lo formativo, mas no tanto en lo asistencial. Es una de las consecuencias “positivas” de la crisis.

Creo que toda esta crisis enorme está trayendo una serie de cosas que valoramos, con lo cual sentimos que estamos tocando lo esencial, lo que la gente más necesita.

La gente tiene hambre, y si somos coherentes con nuestros principios que implican atender a la gente, tenemos que adaptarnos; y cambiar, si es necesario.

Está siendo todo un embarazo muy intenso con nuevas acciones. Estamos trabajando con los padres.

Hacer proyectos asistenciales es un quiebre en la institución. No teníamos alternativa.

– Pero no le han huido a esa cruz…

No. Más bien estamos con muchos deseos de aprender, porque descubrimos que hay una cantidad de mundos desconocidos, que además de todo son super importantes; están conectados con la salud. Entendimos que lo que hagas y lo que dejes de hacer puede puede incidir de forma directa en la persona, en las vidas de las personas. Tenemos ahora esa nueva conciencia…

Importa mucho el cómo hacemos estas cosas de asistencia. No permitir que la gente se quede frenada y promover al mismo tiempo la resiliencia.

– ¿Qué le dicen a quienes quieren ayudar?

Les digo que den el paso. A veces esa gente lo tiene en su corazón. Dice por dentro: yo quisiera ayudar. Pero no da el paso. Creo que hay que dar el paso. Tomar contacto con las organizaciones, descubrir. Hay de distintos tipos, enfoques y metodología.

En Venezuela, con tanta devastación, seguimos teniendo iniciativas comunitarias y organizativas muy valiosas que necesitan de esas manos, de esos corazones que están con deseos de ayudar. Es crucial que se aproximen, y que sepan que siempre serán bienvenidos.

Además, es bonito dejarse tocar. Porque muchas veces uno piensa que va a dar, y al final termina recibiendo amor, recibiendo más. Que acudan con apertura, confiados en Dios, pues siempre va a ser algo sumamente positivo, bonito y absolutamente transformador.

Cortesía: @Aleteia.es
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