La evaluación, realizada por el Programa Mundial de Alimentos (WFP), estima que el 7.9% de la población en Venezuela (2.3 millones) está en inseguridad alimentaria severa, mientras un 24.4% adicional (7 millones) está en inseguridad alimentaria moderada

Una de cada tres personas en Venezuela (32.3%) está en inseguridad alimentaria y necesita asistencia. Así se desprende del estudio realizado por el Programa Mundial de Alimentos (WFP), por invitación del Gobierno venezolano, el cual da cuenta que el 7.9% de la población en Venezuela (2.3 millones) está en inseguridad alimentaria severa. Un 24.4% adicional (7 millones) está en inseguridad alimentaria moderada.

Ante esta realidad, el Grupo Social CESAP reaccionó, asegurando que estas cifras confirman la existencia de la emergencia humanitaria que el gobierno ha negado durante los últimos años, a lo cual se suma el hecho de impedir la acción de las organizaciones que trabajan por la garantía de los derechos humanos fundamentales e intentan salvar vidas en espacios de alta vulnerabilidad.

“Los altos índices de desnutrición infantil que reflejan, en parte, la emergencia humanitaria, nos hace tomar conciencia de esta situación compleja, de dimensiones nunca previstas para la cual el Estado no tiene respuesta por no contar con la capacidad para detener el daño ocasionado a la población e iniciar el proceso de recuperación del país. Nosotros, como sociedad civil organizada, seguiremos impulsando acciones que atenúen de forma inmediata el sufrimiento generado por el hambre y la desnutrición, contribuyendo así con la supervivencia de la población más afectada”.

Diana Vegas, Presidenta del Grupo Social CESAP, señala que esta organización se ha visto en la necesidad de ejecutar proyectos para atender la inseguridad alimentaria y la desnutrición en población vulnerable, en los cuales también se incluyen acciones del área psicosocial, en alianza con Psicólogos Sin Fronteras.

También forman parte de estos proyectos, estrategias vinculados a servicios de agua segura e higiene en las comunidades, a pesar de no ser temas tradicionales en las prácticas de institución.

“Ha sido una nueva manera de ver y de abordar esta realidad”, agregó Vegas la presidenta del Centro al Servicio de la Acción Popular, CESAP.

Siguiendo con la evaluación realizada por WFP, ésta muestra que la inseguridad alimentaria es una preocupación a nivel nacional. Incluso en los estados con los índices más bajos de inseguridad alimentaria, incluyendo a Lara (18%), Cojedes (19%) y Mérida (23%), se estima que aproximadamente una de cada cinco personas está en inseguridad alimentaria. Once estados presentan índices superiores a la prevalencia nacional de inseguridad alimentaria severa, los índices más altos se encuentran en Delta Amacuro (21%), Amazonas (15%), Falcón (13%), Zulia (11%) y Bolívar (11%).

Clasificación de la seguridad alimentaria

La prevalencia de inseguridad alimentaria en Venezuela fue obtenida mediante el análisis de patrones de consumo de alimentos, estrategias de sobrevivencia de medios de vida y consumo, además de la vulnerabilidad económica. Los indicadores se comportan de manera distinta, mostrando cómo el puntaje de consumo de alimentos se desempeña mejor (17.8% de inseguridad alimentaria) que el indicador de estrategias de sobrevivencia de medios de vida (61.3% de inseguridad alimentaria). Esto significa, que al momento de la encuesta, muchas de las familias todavía podían cubrir sus necesidades alimentarias pero al gran costo de sacrificar sus bienes y arriesgar sus medios de vida.

La falta de una dieta diversificada es una preocupación importante. Las familias venezolanas consumen cereales, raíces o tubérculos a diario y complementan su consumo de cereales con legumbres (caraotas, lentejas) tres días a la semana y con lácteos cuatro días a la semana. El consumo de carne, pescado, huevo, vegetales y frutas está por debajo de los tres días a la semana para cada uno de estos grupos de alimentos. La falta de diversidad en la dieta indica una ingesta nutricional inadecuada.

Estrategias de sobrevivencia

El 74% de las familias ha utilizado estrategias de sobrevivencia relacionadas al consumo de alimentos, reduciendo la variedad y calidad de la comida; el 60% de los hogares reportó haber reducido el tamaño de la porción de sus comidas.

Tres de cada cuatro familias encuestadas había aplicado al menos una estrategia de sobrevivencia relacionada a medios de vida, y en promedio, las familias habían utilizado cuatro estrategias en los 30 días antes de la encuesta.

Para sobrevivir, el 33% de los hogares ha aceptado trabajar a cambio de comida y el 20% ha vendido bienes familiares para cubrir necesidades básicas. Seis de cada diez familias han gastado sus ahorros en comida.

Mientras las familias van agotando las estrategias de sobrevivencia que han utilizado para mantener un consumo básico de alimentos, es posible que no puedan cubrir sus necesidades nutricionales en el corto plazo. Esto afectará a los más vulnerables, incluyendo niños y niñas, mujeres embarazadas y lactantes, y adultos mayores.

Percepción de la disponibilidad de alimentos

Siete de cada diez venezolanos reportó que siempre hay comida disponible. Sin embargo, el acceso a la comida es difícil debido a que los precios son demasiado altos en comparación con los ingresos de los hogares.

Fuentes de ingreso

La hiperinflación ha afectado la habilidad de las familias para adquirir comida y otras necesidades básicas. El 59% de los hogares no tiene ingresos suficientes para comprar comida y el 65% no es capaz de comprar artículos esenciales de higiene, ropa y calzado.

Cuando se les preguntó cómo ha afectado la situación actual en Venezuela las fuentes de ingreso del hogar, la mitad de los encuestados declaró haber tenido una pérdida parcial de sus ingresos (51%), como una reducción de sus salarios o la pérdida de un trabajo. Más de un tercio de los encuestados (37%) había experimentado una pérdida total de sus ingresos, como haber perdido su único trabajo o su negocio.

Los resultados muestran que el 18% de los hogares depende de asistencia gubernamental y sistemas de protección social. La salida constante de migrantes, aunque permite a las familias depender de remesas, se traduce en una preocupante pérdida del capital humano y social, incluyendo una reducción en el número de profesores, doctores, científicos y otros trabajadores cualificados.

FUENTE: WFP Venezuela — Evaluación de seguridad alimentaria: Principales hallazgos

 

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