La bondad es una de las características que identifican a las personas de buen corazón, aquellas que siempre están dispuestas a ayudar al prójimo de una forma desinteresada y con amor incondicional, especialmente en momentos difíciles.

Actualmente la situación de cuarentena social nos afecta a todos, sin embargo, una de las frases más recurrentes en estos días ha sido la solidaridad, ser generosos con las personas que más lo necesitan, en especial las personas que se encuentran en situación de pobreza extrema.

Conscientes de ello, Las Hermanas Misioneras de La Consolata dedican buena parte de su tiempo a la atención del comedor de la escuela comunitaria, ubicada en el estado Amazonas, en la capilla María Inmaculada, con el acompañamiento logístico del Grupo Social CESAP, a través del Programa Acompañando en la Esperanza. Allí se brinda apoyo a las personas menos favorecidas, labor que hacen sin descanso, a pesar de la cuarentena y el miedo que produce el mortal coronavirus COVID-19.

Las Hermanas Misioneras de La Consolata armaron toda una estrategia para que el comedor pueda seguir funcionando, aunque de manera diferente.

Para la Hermana Maribel Marquina, coordinadora de dicho comedor, esto ha significado un gran reto, puesto que deben guardar el distanciamiento físico entre personas  y respetar todas las medidas de prevención para evitar contagios, por lo que tuvieron la iniciativa de entregar unos kits de alimentación, para que los beneficiarios del comedor puedan prepararlos en sus hogares y así  puedan seguir alimentándose durante esta contingencia.

Sin dudas, gestos de bondad como el de las Hermanas Misioneras de la Consolata son dignos de admiración y hablan de la capacidad de resiliencia de los venezolanos ante la adversidad.

Texto: Yerelyn Rudas

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